¿Sabes? Por qué esa muletilla es el botón de «Apagar» de mi televisor, o la radio o lo que sea.
Estamos en la era de la comunicación global, de los podcasts de alta fidelidad y de presentadores que cobran cifras astronómicas por, teóricamente, dominar el arte de la palabra. Sin embargo, hay un «virus» lingüístico que se propaga más rápido que cualquier tendencia de TikTok: el abuso sistemático de la palabra «¿sabes?».
Seguro que te ha pasado. Te sientas a ver una entrevista interesante o el análisis de una noticia. De repente, el presentador suelta el primer «¿sabes?». Luego otro a los treinta segundos. Al minuto, ya ha caído el tercero. Para cuando te das cuenta, ya no estás escuchando el contenido; estás contando las veces que esa muletilla golpea tu tímpano.
El eco del «You Know»: Una traducción perezosa
No nos engañemos: esta epidemia no es casual. Es un calco directo del «you know» anglosajón. En un mundo donde consumimos contenido en inglés de forma masiva, muchos profesionales de la comunicación han importado, de manera inconsciente (o por pura pereza mental), esta forma de rellenar silencios.
El problema es que, mientras en inglés el «you know» tiene una cadencia casi rítmica en el habla coloquial, el «¿sabes?» en español suena exigente, vacío y, sobre todo, condescendiente.
La muerte de la elocuencia profesional
Lo que realmente genera frustración es que estamos hablando de profesionales de la voz. Personas cuyo instrumento de trabajo es el lenguaje. Escuchar a un comunicador que no puede encadenar tres frases sin buscar la validación del oyente con un «¿sabes?» produce una mezcla de pena y desconexión.
Aquí te explico por qué es tan dañino para la comunicación:
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Rompe el ritmo: La muletilla actúa como un bache en una carretera recién asfaltada. No puedes disfrutar del viaje porque te sacude cada pocos metros.
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Denota inseguridad: Parece que el emisor no confía en su propia explicación y necesita que el interlocutor le confirme que está siguiendo el hilo.
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Pobreza de vocabulario: Existen pausas dramáticas, conectores lógicos y entonaciones que pueden sustituir ese vacío sin castigar al oyente.
Mi nueva regla de oro: Cambia de canal y no vuelvas
He llegado a un punto de saturación en el que he instaurado una política de tolerancia cero: si un presentador abusa del «¿sabes?», cambio de canal. Y no vuelvo.
Puede parecer radical, pero es una cuestión de higiene mental y respeto al espectador. Si alguien que vive de hablar no se molesta en pulir su discurso, ¿por qué debería yo molestarme en escucharlo? El silencio es preferible a un discurso plagado de muletillas que actúan como ruido blanco.
Reflexión final: La palabra es nuestra herramienta más poderosa. Cuando la degradamos a base de repeticiones vacías, el mensaje pierde su valor. Quizás, si todos apagáramos la tele cuando el «sabes» se vuelve insoportable, los profesionales volverían a cuidar el lenguaje.
¿Te ocurre lo mismo o soy el único que tiene un contador mental de muletillas cuando ve la tele? ¡Cuéntame en los comentarios cuál es la muletilla que más te saca de quicio!

