En la ciencia ficción, a menudo miramos a las estrellas para encontrar vida, pero las obras más inquietantes son aquellas que miran hacia adentro, hacia la arquitectura de nuestra propia mente. La serie «Pluribus» ha llegado para incomodarnos, planteando una pregunta que la humanidad lleva siglos evitando: ¿Es la individualidad el pináculo de la evolución, o es un obstáculo que debemos superar?
La premisa de «Pluribus» nos sitúa en un escenario donde la conectividad total no es solo digital, sino neurológica. Y aquí es donde la ciencia ficción choca de frente con la filosofía clásica.
De Nietzsche a la Neurociencia: ¿El Superhombre es un «Nosotros»?
Es fascinante analizar «Pluribus» bajo la lente de Friedrich Nietzsche. A menudo, cuando hablamos del «Yo», pensamos en la voluntad individual, en ese deseo de poder y autoafirmación que nos define. Sin embargo, la serie juega con una distorsión del concepto del Übermensch (Superhombre).
Nietzsche abogaba por un ser que supera las limitaciones morales y sociales del hombre común para crear sus propios valores. Pero, ¿y si el siguiente paso evolutivo no es un hombre más fuerte, sino todos los hombres a la vez?
Aquí es donde entra la confusión habitual entre el Übermensch de Nietzsche y el Superyó (Über-Ich) de Freud.
- El Superyó es la voz de la sociedad dentro de nuestra cabeza, la moral colectiva que reprime.
- En «Pluribus», esa voz ya no es metafórica. Es literal.
- El individuo no muere, se diluye. El «Yo» se sacrifica para dar paso a una entidad superior, una conciencia gestáltica que posee la sabiduría de millones, pero la voluntad de uno solo.
¿Es esto la muerte del espíritu humano o su apoteosis?
Ecos del Enjambre: Analogías en la Ficción Clásica
«Pluribus» no navega sola en este mar de conciencias compartidas. La idea del «Espíritu Colmena» ha sido el terror y la utopía de la ciencia ficción durante décadas. Para entender la magnitud de esta serie, debemos mirar a sus predecesores:
1. El terror a la pérdida de identidad: La invasión de los ladrones de cuerpos
En el clásico Invasion of the Body Snatchers (Los ladrones de cuerpos), el enjambre es una metáfora del comunismo o del conformismo social de los años 50. El horror no proviene de monstruos con dientes afilados, sino de la uniformidad.
En «Pluribus», al igual que con las vainas de los ladrones de cuerpos, la promesa es tentadora: un mundo sin dolor, sin soledad, sin conflicto. Pero el precio es dejar de ser tú.
2. La inmensidad incomprensible: Solaris
Si «Pluribus» trata sobre la conexión humana, Solaris de Stanislaw Lem trata sobre la imposibilidad de conectar.
En Solaris, el planeta es un único organismo oceánico gigantesco. Es una mente colmena física. La analogía aquí es vital: una mente compuesta por millones de partes (o un océano de plasma) es tan vasta que se vuelve incomprensible para el individuo simple. «Pluribus» sugiere que si nos unimos, nos convertiremos en ese océano: algo divino, pero monstruoso para el observador externo.
3. La benevolencia trágica: El fin de la infancia (Arthur C. Clarke)
Quizás el ejemplo más cercano a la tesis de «Pluribus» sea la obra maestra de Clarke. Aquí, los «Superseñores» guían a la humanidad no hacia la conquista espacial, sino hacia una fusión mental total con la «Supermente». Los niños pierden su humanidad para convertirse en algo más grande. No es una invasión violenta, es una trascendencia. «Pluribus» parece caminar por esta línea fina: ¿Es evolución o extinción?
Conclusión: ¿E Pluribus Unum?
La serie nos deja con un sabor agridulce. La ciencia actual, con interfaces cerebro-computadora (como Neuralink), nos acerca cada día más a una versión rudimentaria de «Pluribus».
Si pudieras compartir tus pensamientos, dolores y alegrías instantáneamente con toda la especie, ¿lo harías? Nietzsche diría que debemos tener el coraje de estar solos para ser libres. El espíritu colmena nos dice que la soledad es una enfermedad que tiene cura.
¿Tú qué elegirías: una soledad libre o una eternidad acompañada?

