El problema del «vale» no es que exista, es que ha mutado para parasitar cada rincón de la comunicación humana. Seguro que identificas todas sus variantes:
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El «Vale» Metralleta (Modo Ametralladora): * Cómo suena: «Vale, vale, valevalevale, sí, vale.»
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Traducción real: «Cállate ya, por favor. He entendido tu argumento hace veinte minutos y quiero que dejes de hablar.»
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El «Vale» de Inseguridad Crónica (El Buscapermisos):
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Cómo suena: «Voy a bajar a comprar el pan, ¿vale? Y luego pongo la lavadora, ¿vale?»
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Traducción real: No hay traducción. Es simplemente pedirle permiso al universo para existir y narrar tus propias acciones cotidianas.
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El «Vale» Seco y Letal (El Pasivo-Agresivo):
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Cómo suena: «Vale.» (Escrito por WhatsApp, con punto y final).
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Traducción real: Alguien está profundamente ofendido, se avecina una tormenta espectacular y, muy probablemente, la culpa sea tuya. Has firmado tu sentencia de muerte.
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El Agujero Negro Telefónico (El Bucle Infinito):
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Cómo suena: «Bueno, pues nos vemos el jueves. Vale. Venga, vale. Un besito, ¿vale? Vale, chao. Venga, vale.»
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Traducción real: Ninguno de los dos sabe cómo colgar el teléfono como un adulto funcional, así que jugáis a un partido de ping-pong infinito de «vales» hasta que alguien se atreve a pulsar el botón rojo.
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El «Vale» Marcapasos (El Relleno Inconsciente):
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Cómo suena: Insertado cada tres palabras como si fuera un signo de puntuación. «Entonces fui, vale, y le dije que no, vale, porque claro…»
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Traducción real: Mi cerebro está cargando la siguiente palabra y necesito emitir un sonido para que sepas que sigo vivo y sigo teniendo el turno de palabra.
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El diagnóstico
El «vale» nos ha convertido en personas vagas. Lo usamos para asentir, para preguntar, para cerrar conversaciones, para mostrar enfado y para llenar el silencio. Es el comodín más perezoso del diccionario. Escucharlo de fondo en el metro o en la mesa de al lado de un restaurante es suficiente para provocarte un tic en el ojo.

