Durante cuarenta años el software propietario se sostuvo sobre una premisa económica: escribir un programa complejo es carísimo, así que quien lo tiene puede cobrar por usarlo. En 2026 esa premisa se ha empezado a resquebrajar. No hablo de una moda: es una consecuencia directa de que el coste de producir código se esté desplomando.

El caso ArtCraft: un hombre, un modelo y siete clones de Adobe

La semana pasada saltó la noticia. Brandon Thomas, un desarrollador de Atlanta, asegura haber recreado con Claude Opus 5.5 y Rust siete aplicaciones de Adobe, entre ellas Photoshop, Illustrator, Premiere, Lightroom, Acrobat Pro, After Effects e InDesign, y haberlas publicado gratis. El proyecto se llama ArtCraft y cada app tiene su propio nombre, como PhotoCraft (el “Photoshop”) o LightCraft (el “Lightroom”).

Hay tres detalles que importan. El primero es que Thomas se presenta como un veterano de 15 años en la industria, no como un aficionado. Esto no es un fin de semana de un adolescente con un chatbot. El segundo es la elección de Rust: según un análisis, delata una intención seria y no un simple envoltorio de Electron. Y el tercero es el discurso legal. Thomas afirma que es una “reimplementación de sala limpia” sin una sola línea de código de Adobe, y habrá que ver si Adobe opina lo mismo.

Conviene ser honestos con el estado real del proyecto. Está en alfa temprana, con compilaciones WebAssembly, y nadie sabe aún si el Rust generado por IA aguanta cargas de trabajo creativas profesionales. Ni de lejos es un Photoshop de producción. Pero el titular no es “ya es igual de bueno”, sino que una sola persona ha llegado hasta ahí en un plazo que antes habría requerido un equipo y años.

No es un caso aislado: la “SaaSpocalypse”

ArtCraft es el último capítulo de una historia que empezó en febrero. Un solo día de ese mes se esfumaron unos 285.000 millones de dólares de valor en bolsa del sector software, cuando Wall Street empezó a descontar lo que la IA hace al negocio. El detonante, según un análisis, fue el lanzamiento por parte de Anthropic de 11 plugins de código abierto para Claude Cowork el 30 de enero; Jefferies acuñó el término SaaSpocalypse.

La lógica del mercado es sencilla: si los agentes hacen el trabajo que antes hacían los usuarios, el precio por asiento es un activo que se derrite. Y otros analistas apuntan que el coste del software a medida ha caído más de un 90%, de entre 50.000 y 200.000 dólares a casi cero, inclinando por primera vez la balanza hacia construir en lugar de comprar. Gartner, por su parte, espera que los agentes de IA sustituyan el 35% del SaaS de producto puntual para 2030.

Por qué esto golpea más al propietario que al abierto

Aquí está la tesis central. Un producto propietario vende dos cosas: el código (que antes era escaso) y la comodidad de no tener que construirlo. Cuando el código se vuelve abundante, el software propietario deja de ser un producto defendible y pasa a ser una commodity. El código abierto, en cambio, sale reforzado: puede ser clonado, auditado, adaptado y mantenido por agentes sin pedir permiso a nadie.

Hay una ironía deliciosa en todo esto: las licencias copyleft como la AGPL, pensadas como arma ideológica, podrían convertirse en un arma económica. En un mundo donde el software se recrea en días, hay quien sostiene que la AGPL podría ser la licencia más disruptiva jamás escrita.

Matices: la historia no es tan lineal

Sería deshonesto presentar esto como una victoria inevitable. La propia narrativa de la SaaSpocalypse ha sido un asunto de arranques y paradas: en verano todos se calmaron al darse cuenta de que algunas empresas, como Salesforce, probablemente se beneficiarían de la IA agéntica en lugar de ser devoradas por ella. El mercado también sigue creciendo: Gartner prevé que el gasto mundial en TI crezca un 13,5% en 2026, con el software a la cabeza. Es una reconfiguración, no un colapso.

Y el código abierto tiene sus propios dolores. En enero, cURL cerró su programa de recompensas en HackerOne tras ser inundado de informes de vulnerabilidades inventados por IA. Cuando generar código y texto es gratis, también lo es generar basura, y los mantenedores humanos son el cuello de botella.

Especulación: qué creo que pasará

Lo que sigue es opinión y prospectiva, no hechos. Mis apuestas:

1. El “código” dejará de ser el foso defensivo. Lo que protegerá a las empresas será lo que la IA no clona fácilmente: datos propietarios, integraciones profundas, cumplimiento normativo, confianza, marca y distribución. Salesforce y SAP sobrevivirán por sus datos y sus procesos, no por su código. Adobe tendrá que apoyarse en sus modelos generativos, su ecosistema de formatos y su base instalada.

2. La batalla se trasladará a los tribunales. La pregunta “¿qué es una sala limpia cuando el clonador es un modelo entrenado con medio internet?” no tiene respuesta jurídica clara. Espero demandas ejemplares, y una jurisprudencia que defina si replicar la funcionalidad y la interfaz de un programa con IA es legítimo. Cómo se resuelva marcará la década.

3. Software desechable y personal. Si una app cuesta una tarde, mucha gente dejará de suscribirse a herramientas genéricas y generará la suya, ajustada a su flujo. El software se parecerá más a una hoja de cálculo personal que a un producto de catálogo.

4. El mantenimiento y la confianza serán el nuevo producto. Clonar es fácil; mantener, parchear y garantizar seguridad durante años, no. Veremos crecer el modelo de “código abierto gratis, soporte y garantías de pago”, como Red Hat pero a escala masiva. Y, como el propio Gizmodo advierte, conviene ser más prudente con descargar y usar software generado por vibe coding.

5. Los desarrolladores no desaparecen, cambian de oficio. Thomas es un ingeniero senior dirigiendo un modelo, no un lego. Lo escaso pasa a ser el criterio: saber qué construir, cómo verificarlo y dónde está el riesgo. El junior que solo traducía especificaciones a código lo tendrá más difícil.

Conclusión

¿Es 2026 el fin del software propietario? Todavía no. Pero sí puede ser el año en que dejó de ser inevitable. Thomas llegó a decir, según Computing, que “el software ha terminado”. Es una frase exagerada y deliberadamente provocadora. Lo cierto es que cuando una persona puede, en semanas, esbozar una alternativa libre a la suite creativa más rentable del planeta, los márgenes basados en la escasez de código tienen fecha de caducidad.

El software propietario no morirá de golpe. Se irá erosionando, categoría a categoría, hasta que quienes sigan cobrando lo hagan por algo más que por tener el código.